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Sunday, 21 October 2018

See You Soon


Mi ajetreada agenda de proyectos aleatorios que no sin esfuerzo intento interconectar para crear una perfecta maraña de propósitos no me deja tiempo para continuar explicando, de manera jocosa e informal, mis pequeñas aventuras en California. Por lo que me dispongo a poner este blog en lo que viene siendo un hiato.


Después de visitar el bonito (léase esto con el mayor tono sarcástico humanamente posible) pueblo donde se ofició el funeral de Charles Manson, al cual no me invitaron, he hecho cosas tan interesantes como dormir en un tendejón en Yosemite donde un Sasquatch de cartón casi me mata, o ser una de esas personas a las que invitan a la Comic Con a hablar de cosas.

También visité por primera vez New York, y en contra de todo pronóstico, no se me puso cara de Paco Martínez Soria, ni me perdí en el metro, ni me atracaron una sola vez. Vi monumentos tan importantes como la Estatua de la Libertad, o el portal de la casa de Sarah Jessica Parker en Sexo en Nueva York o (Sex and the City para los que os mola la VO).

También visité España, que ya iba siendo hora, y fui a la boda del año, que no fue la de Meghan Markle y el Royal pelirrojo. Y aprovechando visité Portugal para ir a tomarme unos vinos.

Entre uno, otro, y seguir ejerciendo de científica, no me ha quedado casi tiempo este verano para ir a la playa, o tocar el ukelele.  Mucho menos para actualizar este blog con detalles de mi vida que solo mi madre lee.

Así que por el momento, y hasta que no me deshaga de algún pasatiempo que deje un hueco en mi vida que tenga que rellenar con este blog, esto se queda en stand by.

Un sweet and short post para decir “hasta pronto”.

Y recordad, como dijo William Henry Harrison, “llevaos una rebequilla que parece que va a refrescar”.

xx

Elen


Wednesday, 25 April 2018

Árboles y cenizas

Continuando mi periplo por los parques nacionales de este gran país, visité recientemente el Sequoia National Park, ese parque donde hay árboles milenarios y gigantes, que nada tienen que ver con los carbayones - tanto el árbol como el pastelín.
Nos aventuramos en época aún invernal. Invernal porque todavía quedaba nieve y había pocos turistas, que es algo que siempre se agradece. No vi ningún oso, y estoy empezando a pensar que el hecho de que la bandera de la California Republic tenga un grizzly me parece publicidad engañosa.

Solía pensar que viajar a parques nacionales solo tenía interés por el parque en sí. Y es que suelen estar en medio de la nada, rodeados de pueblos mundanos y con menos interés que un discurso del alcalde. Pero resulta que esos pequeños pueblos que rodean algunos de los parques esconden historias dignas del peliculón de Antena 3.

En esta última aventura nos quedamos en Porterville, un pueblillo a medio camino entre San Diego y Fresno, cerca de Bakersfield, el lugar donde los sueños y las ilusiones van a morir - o así lo describen la mayoría de los californianos no residentes allí. Sin embargo, si no fuera por Bakersfield el mundo se habría quedado sin Korn.
Pero lo importante no es Bakersfield, es Porterville, el pueblo donde dormimos una noche, porque la experiencia fue demasiado inquietante como para prolongarla a dos noches como originalmente estaba planeado.

Porterville es el pueblo donde hace un mes se celebró el funeral de Charles Manson, y donde se esparcieron sus cenizas. Los medios de comunicación no especifican donde se esparcieron, así que no descarto que me haya sentado en algún bordillo con los restos de Manson. Y es que al parecer, según los locals, los seguidores que a Manson le quedaban decidieron mudarse al idílico pueblo de Porterville y único reducto urbano cercano a la prisión estatal en la que Manson pasó sus últimos días. De ahí que el funeral se celebrara en Porterville. La presión de la familia.
Pero puede que todo esto sea fula.

Lo importante eran los árboles y la nieve, pero lo de Manson fue una alegre coincidencia que hizo la semana santa aún más anecdótica.



E

Wednesday, 14 March 2018

Paranormal (in)Activity


Hace dos semanas, para escapar de la ineptitud de los conductores de San Diego, y para celebrar mi cumpleaños, decidí irme a Denver (Colorado, no el dinosaurio) a visitar a unos amigos. Me trataron como si fuese la reina de Inglaterra – sacaron la vajilla buena y me ofrecieron té en todo momento. Pero lo mejor es que me dieron de comer como si hubiera que gastar el presupuesto al final de año fiscal. Esta analogía me ha salido sola, porque, efectivamente, es ese momento del año en el que hay que hacer la declaración de la renta, una vez más.

Denver me pareció una ciudad muy guay, con mucha construcción (un paraíso para los jubilados), muy amplio todo, con muchos sitios para comer y beber, más barato que San Diego, y encima tuve suerte e hizo sol y calorcillo.

Vi un anfiteatro al aire libre cuya acústica es propiciada por las formaciones rocosas naturales, y esta gente de Colorado supo aprovecharlo. Desde el pesao de Jason Mraz hasta orquestas sinfónicas, pasando por Abba, infinitos artistas han tocado y siguen tocando en Red Rocks.

Siempre que hablaba de visitar Denver, había alguien que me advertía de la facilidad para emborracharse debido a la altitud. Sinceramente, las IPA me parece que no atienden a razones y les da igual lo lejos que estés del nivel del mar.

Lo mejor de toda la visita fue ir a caminar por las Montañas Rocosas (o Rocky Mountains, como las llaman aquí), para seguir alimentando mi nueva adicción de parques nacionales. No hacía nada de calorcillo y de hecho se me congelaron las piernas, concretamente el trozo que va desde la rodilla hasta el culo, y que científicamente se conoce como muslamen. Pero mereció la pena con tal de ver los lagos helados y las montañas nevadas. Y también vimos elks (que el Wordreference me lo traduce alternativamente como uapiti y es mi nueva palabra favorita).

Panorama de las Rocosas, en todo su esplendor y altitud.

Bear Lake, completamente helado, y con un frio que no he pasado desde aquella vez en Skopje.

Un triciclo, pero ni rastro de algún guaje con poderes telepáticos.
A la vuelta paramos en el hotel Stanley, inspiración de Stephen King para escribir su famoso El Resplandor (o The Shining, como lo llaman aquí). Además, la miniserie basada en el libro y para la que el propio King escribió el teleplay, fue grabada en este hotel. La que hizo Stanley Kubrick tuvo diferentes localizaciones, y aunque es una obra maestra, a King no le moló y por eso repitió el proyecto en forma de miniserie y en el hotel real fuente de la inspiración abrumadora del de Maine. No vi ninguna presencia espectral, pero esas cosas suelen escapárseme por mi falta de atención. En la habitación 217 al parecer, cuarto en el que originalmente se quedó King, pasan cosas sobrenaturales y muy de cagarse, según internet. Al parecer, ha muerto gente en esa habitación, pero por lo que leí ha sido más por falta de seguridad que por presencias malignas. Cualquiera puede quedarse en esa habitación, o en alguna de las otras con “alta actividad paranormal” por el módico precio de $399 (en temporada baja). 
Por un momento me emocioné creyendo que había oído las risas espectrales de espíritus infantiles correteando por el pasillo del segundo piso, pero para mi gran decepción, los niños estaban vivos. Antes de abandonar el hotel sin haber tenido ninguna experiencia extrasensorial, paranormal o aterradora, me perdí en un laberinto, y me comí una hamburguesa vegetariana, no en ese orden necesariamente. Mencionar por último que en el hotel Stanley también se filmó la gran obra maestra Dos Tontos muy Tontos. Así que como habréis supuesto, una visita histórica en toda regla.



En estas escaleras mucha gente ha sacado fotos de presencias espectrales, pero se conoce que el dia que yo fui andaban tomando el vermu en otro lao.

Esa famosa barra de bar en la que Jack se pegaba sus lingotazos antes de masacrar a la family. Good times.
Inspeccionad bien las fotos, especialmente las del hotel, no vaya a ser que haya algún cúmulo de energía espectral de la que no me haya percatado.

Elen

Thursday, 14 December 2017

Joshua Tree has eyes


Una mina abandonada.
¿Habéis visto la de Las Colinas tienen Ojos? Pues algo muy parecido hice en Joshua Tree National Park hace unos días. Salvando la parte de los mineros mutantes resentidos.

Pasé la noche en un trailer en mitad de la nada, entre el desierto y un vecindario que parecía dominado por meth heads, aun a riesgo de juzgar sin conocimiento. Lo que viene siendo el pueblo a la entrada del parque nacional, que se llama Joshua Tree - qué alegre coincidencia - es de todo menos pintoresco. Encuadra perfectamente en el desolador paisaje de los pueblos californianos del interior, dominados por estaciones de servicio y restaurantes de carretera tan eclécticos que se atreven a mezclar en sus menús platos de cocina india y pizza, como si nada.

Un Joshua tree, de los que le gustan a Bono.
Joshua Tree se llama así no por el disco de U2 (por si os preguntabais qué fue antes, el desierto o el disco), si no porque está poblado por árboles de Joshua (de Josué, como traducimos en español) o Yucca brevifolia. Quedan muy bien en las fotos, y si no que se lo pregunten a Bono. El parque es básicamente un desierto, que hace pila de años estaba poblado por unas tribus indias: los Cahuilla, los Chemehuevi y los Serrano - no los de Antonio Resines. Esto lo aprendí viendo los paneles informativos que están estratégicamente desperdigados por el parque, para regocijo de los empollones como yo que no pueden parar de absorber información. De lo que no me acuerdo es de la línea temporal en la que estas tribus poblaron Joshua Tree. Es que soy de ciencias, de historia retengo poco.

Panorámica del desierto.
Caminamos por el desierto, que en estas fechas es mucho menos sacrificado que por el verano, cuando en Joshua Tree se pueden alcanzar hasta 45C. Algo asi como a la hora de la siesta en Granada. Lo guapo de Joshua Tree en diciembre es que tiene poca gente, y esa poca suele ser en su mayoría gente que sabe muy bien a dónde va y a qué va, no como Yellowstone en pleno agosto cuando se llena de marabunta oligofrénica. Joshua Tree es un destino popular entre aquellos a los que les gusta subirse a piedras, y no es de extrañar, porque si otra cosa hay a parte de Joshua trees, son piedras. Pudimos ver algunos valientes escalando de tal forma que yo lo calificaría de hazaña. Claro que mi opinión vale más bien poco, dada mi torpeza. Sin ir más lejos, inauguré el viaje en modo millenial: dejando caer mi móvil para quebrar la pantalla en cachitos.
Skull Rock. Una roca con forma de calavera, como su propio nombre indica.
Esta no la escalaban, solo se hacían fotos con ella.
También hay bastantes cactus del género Cylindropuntia. Uno de ellos me atacó cuando no llevaba en el parque ni 10 minutos. Se me clavó en el tobillo con tantas ganas que pensé en un primer momento que un velociraptor (o algo más realista, como una serpiente de cascabel) me había mordido. Desafortunadamente era solo una bola de pinchos rodadora y la resolución del episodio carece de interés debido a la total ausencia de drama.

Los cactus Cholla.
Pasamos solo dos días en el parque, con su noche en el trailer que amorosamente hemos bautizado como el trailer del horror. Es todo una exageración por nuestra parte, porque a pesar de haber dormido con una luz encendida y un cuchillo debajo de la almohada por si algún vecino o espíritu maligno se atrevía a usurpar nuestro trailer (el cual no se podía cerrar con llave desde dentro), nada malo ocurrió. O por lo menos no nos enteramos. Fue agradable pasar un fin de semana inquietante en un trailer en el desierto, lejos de los horrores mundanos de la rutina laboral.

El trailer de los horrores.

La calidad del aire en Joshua Tree era pésima, según los rangers, debido a que California está ardiendo de forma alarmante. Yo no sabría distinguir entre calidades de aire, porque creo que después de haber vivido en Madrid, todo da igual. Los fuegos han ido desplazándose hacia el norte, dejando una ola de destrucción nada desdeñable. Recordemos que es diciembre, que ni siquiera es “estación de sequía”. Ya veremos lo que nos depara 2018. Mientras tanto, seguiré planeando viajes a parques nacionales antes de que desaparezcan por las inclemencias del clima o las de un gobierno republicano. Sea lo que sea, ninguno de los dos atiende a razones.

Sending thoughts and prayers.

Barker dam trail.


Elen




Tuesday, 29 August 2017

How I spent my summer vacation Part 1 - Be Bear Aware

¡Oh, Yellowstone! Tierra de geysers y ¿osos?

Una cosa hay que reconocérsela a USA, y es que tienen unos parques nacionales que no se pueden creer. No he ido a muchos aún, pero los que he visitado me han dejado patidifusa, boquiabierta y ojiplática, a pesar de toda esa infraestructura adaptada a gente que quiere ver naturaleza con el minimísimo esfuerzo. Y es que como ya conté en mi última visita a un parque nacional, la gente es absurda. Indefectiblemente, estés donde estés, una siempre se va a encontrar con un grupo de gente que no ha caminado en su vida, quemada por el sol, haciendo senderismo en chancletas que te preguntan si falta mucho. Que si falta mucho ¿para qué, buen señor? ¿Para que le de un infarto y a su familia se la coman los buitres? La idiotez de los turistas alcanzó nuevos niveles frente a mis ojos cuando vimos como una mujer sacaba fotos y grababa a un hombre que se puso a trepar para sacarse fotos con su (espero) hijo al borde de un acantilado, cerca de unas cataratas. Otro inepto, ajeno a dicha familia, lo llevó un paso más allá jugándose el tipo para sacarse un selfie al borde. Una cosa es segura, no podía parar de observar atentamente, no me fuese a perder el accidente. Culpo a las noticias de Antena3 por haber plantado la semilla del morbo en mi cerebro. Nunca te lo perdonaré, Antena3, nunca.

Las cataratas impresionantes, esperando turistas en caída libre.
Encuentra a los 3 ineptos entre el follaje.

Lo bueno es que como la gran mayoría de gente opta por visitar lo más popular, existen cientos de caminos por los que se pueden ir y a penas te encuentras algún turista*. Yellowstone, además de ser un volcán activo gigante, es donde hace más de 30 años encontraron a la Thermus aquaticus sobre la que ya hablé hace muchos posts, y es el parque (aunque lo llamaran Jellystone, no engañaban a nadie) donde Yogi y Boo-boo vivían alegremente robando la comida de los turistas y huyendo del ranger Smith - que además se parece a mi padre. Sin embargo, no vimos ni un solo oso. Sí que vimos muchos rangers. Vimos indicios de la presencia de osos, tales como huellas, que bien podrían haber sido puestas por los propios rangers, para mantener vivo el reclamo del parque. Vimos muchos otros animales a los cuales como bióloga no sé nombrar, pero de los que hicimos muchas fotos que nunca más volveremos a mirar, pero bien sirven para documentar este post. Los mejores son los bisontes, porque tienen un actitud envidiable ante la vida. Conduciendo a través de Hayden Valley te encuentras varios, si no pastando en las praderas como si el mundo no estuviera yéndose a la mierda, invadiendo la carretera con su característica indolencia. También vimos una serpiente MUY grande, muchos ciervos mulos, pájaros de todo tipo, e infinitas ardillas - también distintas pero como bióloga que soy, no sé deciros. Pero ni un solo oso. ¿Hay osos realmente en Yellowstone? Según mi experiencia, no. Señales de alerta, precaución, instrucciones de como usar el bear spray (que viene a ser un gas pimienta para los osos) a esgaya. Pero eso fue todo. No puedo decir que esté decepcionada, puesto que encontrarte con un oso cara a cara, si no lleva corbata y sombrerito, no debe de ser una situación distendida. Tendré que esperar a mi futura visita a Yosemite, donde he oído que la gente también avista osos con cierta frecuencia.

Los geysers de alrededor de Old Faithful, donde la gente espera ansiosa a ver la explosión del geyser para acabar perdiéndosela por intentar capturarlo en vídeo para Instagram - situación presenciada.
Grand Prismatic Spring. Entre la niebla de la primera hora de la mañana y el vapor que sale del propio hot spring hay que echarle algo de imaginación o visitar National Geographic
Cataratas del Grand Canyon de Yellowstone.
Para llegar al parque tomamos una ruta muy poco transitada, que aunque nos hizo sospechar, no reparamos a tiempo en el riesgo que entrañaba conducir un turismo por una carretera de gravilla durante 2 horas sin señal en el móvil. Fue a través de lo que aquí denominan como National Forest, y es la carretera que quieres tomar si quieres colarte en el parque nacional del sur de Yellowstone, Grand Teton, haciendo gala de la infame picaresca española. Desconocíamos dicho detalle, y es que la carretera debe de tomarla tan poca gente que ni siquiera se han molestado en plantarle una garita de entrada. Pero nosotras, honradas, pagamos la entrada a ambos parques. Así que tras esas dos horas conduciendo por caleyas, acabamos llegando sanas y salvas a la cabaña. Claro que la conducción a través de esa carretera fue nada comparado a dormir la noche anterior en un Motel 6 en un pueblo de Idaho que debió de protagonizar no pocos telefilms.

La semana que pasamos en Yellowstone y Grand Teton fue de mucho caminar, de mucho madrugar y lo mejor de todo, de no tener ni cobertura ni datos en el móvil. En total caminamos unas 100 millas, incluyendo todos las rutas que hicimos en O’ahu, Hawaii, segunda parte de nuestra épica aventura veraniega. Spoiler alert: en O’ahu tampoco vi osos, y eso que me esperaba alguno escapado del proyecto Dharma (ja!). Como no soy Tolkien, no puedo describir los paisajes que vi en Yellowstone y Grand Teton como se merecen, y las fotos no les hacen ninguna justicia. Os recomendaría que fueseis antes de que el cambio climático o Korea del Norte decida destruirnos. Además no necesitáis estar en forma, ni caminar 100 millas para disfrutarlo. Y por los osos no os preocupeis, que no hay.


Mammoth Hot Springs.
Un bisonte a punto de invadir la carretera en Hayden Valley. Pero ni un oso.
Maravillosa foto de Grand Teton hecha por la señora que me acompañó en este periplo.


Elen

To Be Continued...



*Entiéndase turista por aquel especimen humano que va cámara en mano, lo ve todo a través de la pantalla, y no sabe muy bien a dónde ha venido pero vio una vez en un documental de viajes o en tripadvisor que el sitio era guapo.

Tuesday, 1 August 2017

Utah, y ni un solo mormón.

Tuve que irme hasta Utah para confirmar que la gente es absurda.

Hasta ahora, mi record en viaje relámpago había sido la visita a Belgrado en la que me pasé 36 horas en un tren para pasar otras 36 horas en dicha ciudad. Este último fin de semana de julio de 2017 he vuelto a practicarlo, y me pasé 16 horas en un coche con el propósito de hacer un hike (ruta de senderismo, como diríamos en castellano antiguo) de 6 horas. Cierto es que en el destino mis acompañantes y yo pasamos unas 24 horas, asíque en proporción pasamos más horas en el destino que las que empleamos en llegar allí conduciendo a través de cuatro estados. A saber: California, Arizona, Nevada y Utah. En este último se encontraba nuestro destino final, Zion National Park.


Tramo de Narrows donde ya empezaba a
estrecharse la cosa y hacer honor a su nombre.
La idea surgió gracias al gusanillo de un amigo por hacer el hike llamado Narrows, que consiste en caminar por el cauce del río - esto es dentro del río - admirando las formaciones rocosas que la erosión de millones de años (algunos dirán que ha sido obra de dios) ha dejado. El paisaje es increíble y no se parece en nada a los Picos de Europa, que es lo que una conoce. Parcialmente también la realización de este viaje fue gracias a la capacidad organizativa de dicho amigo en acumular puntos para que nos saliera el coche de alquiler y la habitación de hotel gratis.
Nosotros en nuestra sapiencia alquilamos unos calcetines de neopreno que espero sean desinfectados con fuego entre usuarios, unas botas especiales y un palo. Tan simple como suena, el palo me salvó la vida más veces de las que quiero reconocer. El hike en sí no parece entrañar peligro de muerte, pero algunas personas se han apañado para morir, lo cual indica que cierta preparación e información previa no está de más. Existe peligro de crecida inminente casi todo el tiempo, y en ciertos puntos del camino no parece que haya muchas posibilidades de aferrarse a nada que te vaya a salvar de ser arrastrado. Pero esos puntos, que también son los más espectaculares en lo que a paisaje se refiere, son los que están más río arriba y por tanto, el nivel de familias e ineptos que no saben dónde están desciende drásticamente.

Al principio de Narrows la cantidad de visitantes es bastante alta, y ahí es donde me dí cuenta, gracias a mi perspicacia, que la gente es absurda. Unos cuantos nos preguntaron cuando ya volvíamos tras 6 horas de caminata, que cuánto se tardaba en hacer el hike, lo cual indicaba que desconocían que era un total de 16 millas, con la imposibilidad de hacerlo en su totalidad puesto que en cierto punto hace falta un permiso especial. Otros tantos comenzaban a caminar a duras penas sobre el lecho de piedras del río sujetando en la mano sus chanclas de cuña (nunca alcanzaré a comprender el nivel de inopia de un ser humano para creer que ese calzado es adecuado para caminar en la naturaleza) y exhibiendo una cara de dolor propia de estar pisando piedras y palos del fondo de un río. Quiero creer que en realidad todas esas personas sabían que no serían capaces de hacer más de 200 yardas y solo estaban testando lo que se siente al caminar en un río. Pero quién sabe, a lo mejor son de la clase de gente que engrosa la lista de muertos anuales en parques nacionales. Viendo a toda esa gente luchando contra la naturaleza mientras caminaban como zombies nos hizo sentir como auténticos pros del senderismo.

Aliens aparcados fuera del 7eleven.
A penas tengo fotos de la jornada debido a la dificultad de sacar y meter la tecnología de la bolsa impermeable, pero aunque no pueda demostrar en Instagram o Facebook con 50+ fotos que de verdad estuve allí, os digo que no le hubieran hecho justicia a ese paisaje. Tendreis que creerme cuando os digo que hice Narrows con relativo éxito, ya que solo me caí de culo cuando me quedaban menos de 500 metros para acabar.

Como guinda al road trip y fin de semana, visitamos una especie de 7eleven de temática alienígena y vimos el termómetro más alto del mundo - ambos localizados en Baker, California.

Lo dicho, un éxito.



Elen