Continuando mi periplo
por los parques nacionales de este gran país, visité recientemente el Sequoia
National Park, ese parque donde hay árboles milenarios y gigantes, que nada
tienen que ver con los carbayones - tanto el árbol como el pastelín.
Nos aventuramos en época
aún invernal. Invernal porque todavía quedaba nieve y había pocos turistas, que
es algo que siempre se agradece. No vi ningún oso, y estoy empezando a pensar
que el hecho de que la bandera de la California
Republic tenga un grizzly me parece publicidad engañosa.
Solía pensar que viajar
a parques nacionales solo tenía interés por el parque en sí. Y es que suelen
estar en medio de la nada, rodeados de pueblos mundanos y con menos interés que
un discurso del alcalde. Pero resulta que esos pequeños pueblos que rodean
algunos de los parques esconden historias dignas del peliculón de Antena 3.
En esta última aventura
nos quedamos en Porterville,
un pueblillo a medio camino entre San Diego y Fresno, cerca de Bakersfield,
el lugar donde los sueños y las ilusiones van a morir - o así lo describen la mayoría
de los californianos no residentes allí. Sin embargo, si no fuera por
Bakersfield el mundo se habría quedado sin Korn.
Pero lo importante no es
Bakersfield, es Porterville, el pueblo donde dormimos una noche, porque la
experiencia fue demasiado inquietante como para prolongarla a dos noches como
originalmente estaba planeado.
Porterville es el pueblo
donde hace un mes se celebró el funeral
de Charles Manson, y donde se esparcieron sus cenizas. Los medios de comunicación no
especifican donde se esparcieron, así que no descarto que me haya sentado en algún
bordillo con los restos de Manson. Y es que al parecer, según los locals,
los seguidores que a Manson le quedaban decidieron mudarse al idílico pueblo de
Porterville y único reducto urbano cercano a la prisión estatal en la que
Manson pasó sus últimos días.De ahí que el funeral se celebrara en Porterville. La presión
de la familia.
Pero puede que todo esto sea fula.
Lo importante eran los árboles y la nieve, pero lo de Manson fue una alegre coincidencia que hizo la semana santa aún más anecdótica.
Hace dos semanas, para escapar de la ineptitud de los conductores
de San Diego, y para celebrar mi cumpleaños, decidí irme a Denver (Colorado, no
el dinosaurio)
a visitar a unos amigos. Me trataron como si fuese la reina
de Inglaterra – sacaron la vajilla buena y me ofrecieron té en todo
momento. Pero lo mejor es que me dieron de comer como si hubiera que gastar el
presupuesto al final de año fiscal. Esta analogía me ha salido sola, porque,
efectivamente, es ese momento del año en el que hay que hacer la declaración de
la renta, una vez más.
Denver me pareció una ciudad muy guay, con mucha construcción
(un paraíso para los jubilados), muy amplio todo, con muchos sitios para comer
y beber, más barato que San Diego, y encima tuve suerte e hizo sol y calorcillo.
Vi un anfiteatro al aire libre cuya acústica es propiciada
por las formaciones rocosas naturales, y esta gente de Colorado supo
aprovecharlo. Desde el pesao de Jason Mraz hasta orquestas sinfónicas, pasando
por Abba, infinitos artistas han tocado y siguen tocando en Red Rocks.
Siempre que hablaba de visitar Denver, había alguien que me advertía
de la facilidad para emborracharse debido a la altitud. Sinceramente, las IPA me parece que no atienden a razones y les da igual lo lejos que estés del nivel
del mar.
Lo mejor de toda la visita fue ir a caminar por las Montañas
Rocosas (o Rocky Mountains,
como las llaman aquí), para seguir alimentando mi nueva adicción de parques nacionales. No hacía nada de calorcillo y de hecho se me
congelaron las piernas, concretamente el trozo que va desde la rodilla hasta el
culo, y que científicamente se conoce como muslamen. Pero mereció la pena con
tal de ver los lagos helados y las montañas nevadas. Y también vimos elks
(que el Wordreference me lo traduce alternativamente como uapiti y es mi nueva
palabra favorita).
Panorama de las Rocosas, en todo su esplendor y altitud.
Bear Lake, completamente helado, y con un frio que no he pasado desde aquella vez en Skopje.
Un triciclo, pero ni rastro de algún guaje con poderes telepáticos.
A la vuelta paramos en el hotel Stanley, inspiración de Stephen
King para escribir su famoso El Resplandor (o The Shining, como
lo llaman aquí). Además, la miniserie basada
en el libro y para la que el propio King escribió el teleplay, fue grabada
en este hotel. La
que hizo Stanley Kubrick tuvo diferentes localizaciones, y aunque es una
obra maestra, a King no le moló y por eso repitió el proyecto en forma de miniserie
y en el hotel real fuente de la inspiración abrumadora del de Maine. No vi
ninguna presencia espectral, pero esas cosas suelen escapárseme por mi falta de
atención. En la habitación 217 al parecer, cuarto en el que originalmente se quedó
King, pasan cosas sobrenaturales y muy de cagarse, según internet. Al parecer, ha
muerto gente en esa habitación, pero por lo que leí ha sido más por falta de
seguridad que por presencias malignas. Cualquiera puede quedarse en esa habitación, o
en alguna de las otras con “alta actividad paranormal” por el módico precio de
$399 (en temporada baja).
Por un momento me emocioné creyendo que había oído las
risas espectrales de espíritus infantiles correteando por el pasillo del
segundo piso, pero para mi gran decepción, los niños estaban vivos. Antes de
abandonar el hotel sin haber tenido ninguna experiencia extrasensorial,
paranormal o aterradora, me perdí en un laberinto, y me comí una hamburguesa
vegetariana, no en ese orden necesariamente. Mencionar por último que en el
hotel Stanley también se filmó la gran obra maestra Dos Tontos muy Tontos.
Así que como habréis supuesto, una visita histórica en toda regla.
En estas escaleras mucha gente ha sacado fotos de presencias espectrales, pero se conoce que el dia que yo fui andaban tomando el vermu en otro lao.
Esa famosa barra de bar en la que Jack se pegaba sus lingotazos antes de masacrar a la family. Good times.
Inspeccionad bien las fotos, especialmente las del hotel, no vaya a ser que haya algún cúmulo de energía espectral de la que no me haya percatado.
Full disclosure: Notaréis en este post mi falta total de conocimiento de la jerga del mundo de
los estudios de televisión, y todo lo que se refiere a ellos. Así que espero
que podáis comprender lo que intento transmitir con mis palabras de persona de
a pie, consumidora de Netflix. Por supuesto, no hay fotos ni vídeos del evento, ya que los móviles y cualquier otro aparato que pueda
grabar están absolutamente prohibidos.
Ayer me fui a Burbank, a los estudios de la Warner, a ver la grabación en vivo del episodio más
reciente de la serie The Big Bang Theory, el cual no tengo ni idea cuando se va
a emitir.
A nivel personal,
esa serie no me hace reír demasiado, y tampoco es que me entusiasme como
representa a los científicos. Si recordáis haberla visto en sus inicios, los
tipos de la serie todos tenían doctorados y masters, y eran increíblemente
listos, y el único personaje principal femenino era una camarera a la que se
representaba como poco más inteligente que una lámpara del Ikea. Al menos han
evolucionado en ese aspecto: han incluido mujeres científicas, y han ascendido
a la lámpara de Ikea a un trabajo como representante de una farmacéutica, o
algo así. Podrían hacerlo mucho mejor, pero Hollywood está aprendiendo
despacito.
El proceso
completo de convertirse en miembro del público de una grabación de estas,
consiste en estar pegado al ordenador y hacer clic en el momento justo para
conseguir tickets “guaranteed”. Que
lo de guaranteed no os engañe, porque
al parecer hacen practica del overbooking,
así que en caso de que apareciera todo el mundo ese día, igual te quedas con
cara de pazguato en la calle, haciéndote fotos delante del logo de la Warner. La
espera eterna a la que te someten no es tan mala como inicialmente me esperaba.
Pero lo cierto es que desde que llegamos hasta que nos sentaron en la grada del
público pasaron unas 2 horas. Los asientos los reparten por orden de llegada,
de ahí que la gente llegue allí con 3 años de antelación. Lo grave es que hay otros
que, no habiendo conseguido tickets on-line, se van a hacer cola allí a ver si
hay suerte y quedan espacios libres. Supongo que esa gente es freelance o no tienen trabajo ni
familia.
Cuando el momento
se acerca, te guían cual grupo de preescolar desde el parking hasta el hangar
donde graban. Es tan entrañable que hasta tienen a un señor que se asegura de
que los coches paren para dejarnos pasar, con su chaleco reflectante y su luz
indicando STOP. Pasamos por el plató donde se grabó en su día Friends, esa
serie que estigmatizó a toda una generación (la culpa de nuestras relaciones
fallidas no la tiene Disney, la tiene Friends), y sobre la cual podría escribir
una tesis después de haberla visto más de 10 veces. También pasamos por una réplica
de lo que al parecer hace las veces de Chicago, de New York City, o de la
ciudad que se requiera… en el que había un trozo de parque en el que, entre
otras cosas, se grabó aquella escena en la que Phoebe (si, la de Friends)
pasaba corriendo como poseída por Central Park.
La experiencia en
sí es interesante, es algo así como ir al teatro, pero con menos calidad. Las
escenas son bastante cortas, y me resulta asombroso que a veces se les olviden
las dos líneas que tienen que decir. A veces, según la reacción del público,
cambian alguno de los chistes. Alguna vez me reí, pero lo más gracioso fue
cuando un miembro del público se puso a cantar una canción de su país natal,
China, y nos explicó que su novia le llama Corgi gordo, que estoy segura en
chino suena mucho mejor. Esto no fue un arranque de nuestro talentoso miembro
chino del público, si no que instigado por un animador que nos dirigía y
“entretenía” entre escenas, acabó haciendo un número él solo, monólogo incluído. Se ganó una foto autografiada por el elenco.
El público era
sinceramente chocante en muchos sentidos, y fue gracioso, a la par que
ligeramente preocupante, ver adultos tan emocionados como un crío de 6 años en
Disneyland por primera vez con sobredosis de azúcar. Spoiler alert (en serio) Una de las líneas argumentales del
episodio es sobre una de las parejas hablando la posibilidad de que uno de los
dos se quedase en casa cuidando de los hijos. La risa generalizada cuando uno de
los otros personajes alaba la decisión del hombre de la pareja por estar
dispuesto a romper los roles de género y ser él el que se quedase cuidando de
los bebés, me inquietó. Supongo que romper roles de género es hilarante (¿?).
En resumen, como
experiencia es entretenida, a pesar del público, y a pesar de la espera. Y a
juzgar por los coches que había aparcados a la entrada del plató, entre Teslas
y Mercedes, la gente que trabaja allí también debe de opinar lo mismo.
¿Habéis visto la de Las Colinas tienen Ojos? Pues algo muy parecido hice en Joshua Tree National Park hace unos días. Salvando la parte de los mineros mutantes resentidos.
Pasé la noche en un trailer en mitad de la nada, entre el desierto y un vecindario que parecía dominado por meth heads, aun a riesgo de juzgar sin conocimiento. Lo que viene siendo el pueblo a la entrada del parque nacional, que se llama Joshua Tree - qué alegre coincidencia - es de todo menos pintoresco. Encuadra perfectamente en el desolador paisaje de los pueblos californianos del interior, dominados por estaciones de servicio y restaurantes de carretera tan eclécticos que se atreven a mezclar en sus menús platos de cocina india y pizza, como si nada.
Un Joshua tree, de los que le gustan a Bono.
Joshua Tree se llama así no por el disco de U2 (por si os preguntabais qué fue antes, el desierto o el disco), si no porque está poblado por árboles de Joshua (de Josué, como traducimos en español) o Yucca brevifolia. Quedan muy bien en las fotos, y si no que se lo pregunten a Bono. El parque es básicamente un desierto, que hace pila de años estaba poblado por unas tribus indias: los Cahuilla, los Chemehuevi y los Serrano - no los de Antonio Resines. Esto lo aprendí viendo los paneles informativos que están estratégicamente desperdigados por el parque, para regocijo de los empollones como yo que no pueden parar de absorber información. De lo que no me acuerdo es de la línea temporal en la que estas tribus poblaron Joshua Tree. Es que soy de ciencias, de historia retengo poco.
Panorámica del desierto.
Caminamos por el desierto, que en estas fechas es mucho menos sacrificado que por el verano, cuando en Joshua Tree se pueden alcanzar hasta 45C. Algo asi como a la hora de la siesta en Granada. Lo guapo de Joshua Tree en diciembre es que tiene poca gente, y esa poca suele ser en su mayoría gente que sabe muy bien a dónde va y a qué va, no como Yellowstone en pleno agosto cuando se llena de marabunta oligofrénica. Joshua Tree es un destino popular entre aquellos a los que les gusta subirse a piedras, y no es de extrañar, porque si otra cosa hay a parte de Joshua trees, son piedras. Pudimos ver algunos valientes escalando de tal forma que yo lo calificaría de hazaña. Claro que mi opinión vale más bien poco, dada mi torpeza. Sin ir más lejos, inauguré el viaje en modo millenial: dejando caer mi móvil para quebrar la pantalla en cachitos.
Skull Rock. Una roca con forma de calavera, como su propio nombre indica.
Esta no la escalaban, solo se hacían fotos con ella.
También hay bastantes cactus del género Cylindropuntia. Uno de ellos me atacó cuando no llevaba en el parque ni 10 minutos. Se me clavó en el tobillo con tantas ganas que pensé en un primer momento que un velociraptor (o algo más realista, como una serpiente de cascabel) me había mordido. Desafortunadamente era solo una bola de pinchos rodadora y la resolución del episodio carece de interés debido a la total ausencia de drama.
Los cactus Cholla.
Pasamos solo dos días en el parque, con su noche en el trailer que amorosamente hemos bautizado como el trailer del horror. Es todo una exageración por nuestra parte, porque a pesar de haber dormido con una luz encendida y un cuchillo debajo de la almohada por si algún vecino o espíritu maligno se atrevía a usurpar nuestro trailer (el cual no se podía cerrar con llave desde dentro), nada malo ocurrió. O por lo menos no nos enteramos. Fue agradable pasar un fin de semana inquietante en un trailer en el desierto, lejos de los horrores mundanos de la rutina laboral.
El trailer de los horrores.
La calidad del aire en Joshua Tree era pésima, según los rangers, debido a que California está ardiendo de forma alarmante. Yo no sabría distinguir entre calidades de aire, porque creo que después de haber vivido en Madrid, todo da igual. Los fuegos han ido desplazándose hacia el norte, dejando una ola de destrucción nada desdeñable. Recordemos que es diciembre, que ni siquiera es “estación de sequía”. Ya veremos lo que nos depara 2018. Mientras tanto, seguiré planeando viajes a parques nacionales antes de que desaparezcan por las inclemencias del clima o las de un gobierno republicano. Sea lo que sea, ninguno de los dos atiende a razones.
Todo empezó cuando me dieron por detrás en la autopista, o lo que popularmente se conoce aquí como “rear-ending”. Tarde o temprano tenía que pasar dado que aquí conducen como si su mujer estuviera de parto en el asiento de atrás, o Sandra Bullock fuera de copiloto*.
Encima tengo que decir que tuve suerte. El tipo que me dio por detrás no solo era un ser humano decente, si no que tenía una póliza de seguro que diligentemente cubrió todos mis gastos. Yo en mi ignorancia creí que arreglar un parachoques llevaría un día, a lo sumo. Pero como los mecánicos ven cosas que el ojo humano no percibe, al final se alargó una semana. Me dieron un coche de alquiler mucho mejor que el mío, lo cual estuvo bastante bien. Lo que no estaba tan bien era el tipo de la compañía de alquiler de coches, que no solo parecía un mafioso de Puerto Banús, si no que se comportaba como tal. Después de varios intentos fallidos por su parte de intentar venderme extras que no necesitaba, se fue frustrado no sin demostrarme su desdén hacia mi persona. Me alegré de no tener gente así en mi vida diaria.
Este percance, aunque relativamente insignificante y fácil de solucionar, me ha provocado una nueva percepción de la nefasta conducción que los Southern Californians exhiben. Al volante todo el mundo se convierte en un cachom**rda.
Representación gráfica del "rear-ending"
En lo que no había caído cuando me dieron por detrás en la autopista fue que un par de meses antes había recibido una carta que bien podría calificarse de amenaza de muerte por parte de Nissan, la compañía que amorosamente fabricó mi coche en 2010. Esta amenaza de muerte la llaman en términos anglosajones “recall”. Al parecer si mi airbag se abría podría lanzar trozos de metal de forma que si impactasen en mi o en mis pasajeros, podríamos morir de una forma poco agradable. Algo así como un balazo. Pero no debía preocuparme porque Nissan en su infinita bondad me avisaría cuándo podría llevar mi coche a un taller oficial para que me lo arreglasen totalmente gratis. Y ese día fue hoy. Todo sonaba sospechosamente fácil.
Y es que si de una cosa me advirtieron al llegar a USA fue de los dealerships (concesionarios) y los managers que los habitan. Porque harán cualquier cosa, por rastrera y moralmente indigna que sea, para venderte un coche. Y así fue, que yo llegué allí para que me arreglasen un airbag mortal gratis y acabé probando Nissan Sentras y comentando planes de financiación.
Y ustedes se preguntarán “pero, ¿por qué?”
Cuando llegué allí a las 9:30 am PST me encontré con el buenazo de Dwayne (no se escribe así, pero se pronuncia igual) que me explicó que este recall del infierno iba a tener mi coche en espera de 6 a 7 meses. Primer what the fuck del día. Le expresé mi malestar emocional a Dwayne en forma de un “are you kidding” al que él respondió con la posibilidad de proporcionarme un coche de alquiler en caso de que así lo necesitara. Le dije que si iban a ser todos esos meses, claramente necesitaría un medio de locomoción puesto que estamos en San Diego y el concepto de transporte público eficiente es más foráneo que los derechos humanos en Birmania. Sin embargo y a pesar de ofrecerme la posibilidad, me comunicó que no tenían coches de alquiler en ese momento, y que mi seguro de automóvil no era suficiente para tener el privilegio de conducir un Nissan de alquiler (segundo what the fuck del día). Por lo tanto, tendría que conducir mi bomba de relojería (i.e. mi coche) hasta que tuvieran algo disponible para mí; entonces podría volver para procesar el recall y todo eso. El hecho de conducir un automóvil que en lugar de airbags tiene escopetas no me hacía mucha gracia, por lo que se me pasó por la cabeza la remota posibilidad de vender mi coche al concesionario y ver cuánto podría sacar por esa chatarra (en realidad no es una chatarra, pero cada segundo que pasaba iba odiando a mi coche un poco más). Una simpática vendedora apareció para desoírme y no dejar de ofrecerme coches que dije que no quería. Decidí seguirle el juego porque pensé que me vendría bien como práctica para el día que si quisiera comprarme un coche nuevo. Pero todo tiene un límite, y cuando ya llevábamos cerca de una hora hablando del color del coche y de blutooth le dije que no iba a comprar nada hoy y que lo único que quería es que me dieran una estimación de por cuanto podía vender mi chatarra. Al final salió el manager que desesperadamente intentó bajarme la guardia hablándome en español y diciéndome lo bonita que es Asturias (podía ver en sus ojos que era la primera vez que oía ese nombre). Le pedí que fuese al grano.
¿Cuánto quieres por tu coche?
Veinte mil dólares**.
Jejeje. No, en serio.
Jejeje. Veinte mil dólares.
No me vas a decir un precio de verdad, eh? Jejeje.
Te lo estoy diciendo, veinte mil dólares.
Ya en ese punto el manager debió de creer que o era tonta o un genio de la maldad. O ninguna de las dos cosas y en realidad se la sudaba todo lo que estaba pasando. Finalmente me enseño su oferta (que no se aproximaba ni a la mitad de la mitad de mis $20000), y yo repetí por enésima vez que mi intención no era comprar un coche hoy. Así que me preguntó qué era lo que yo quería. Le dije que la paz mundial y que Nissan arreglase mi trampa mortal de airbag, y que mientras tanto me dejasen un coche de alquiler sin coste extra para mí, pero que no se preocupase porque iba a hablar con mi abogado para ver cuál era el tipo de acción que tenía que tomar.
Mi abogado
Y sí, amigos, en USA decir “abogado” funciona, y se lo toman muy en serio, nadie te responde con eso de “el que tengo aquí colgado” o su equivalente rima en inglés.
La historia cambió radicalmente.
Nunca más volví a ver al manager, quisieron ponerme en contacto con el director, al cual tampoco llegué a ver nunca a pesar de que esperé cerca de 45 minutos, pero sospecho que en realidad era un calcetín con ojos saltarines. En esos 45 minutos, que ya se estaban convirtiendo en lo que parecía una guerra psicológica para agotarme y que me rindiera, aproveché para hablar con mi seguro. También volví a hablar con Dwayne para comunicarle que mi compañía de seguros decía que eso de full coverage era una pamplina y que yo estaba más que cubierta. El bueno de Dwayne volvió a comprobar mis papeles, y tan mágica como repentinamente apareció un coche de alquiler disponible para mí, sin ningún coste extra porque ahora mi seguro SI era válido, y mi coche estaba en el top de la lista para sustituir su arma de destrucción por un airbag sin más.
Moraleja: en USA si no estás seguro ante alguna situación, simplemente di “I’ll talk to my lawyer to study my options and I’ll get back to you”***. A ser posible, sin reírte.
Elen - guru y life coach
*Vaga referencia a la gran película Speed, que marcó mi vida para siempre.
**Mi coche, que es de segunda mano, me costó muchísimo menos que eso y claramente, ese precio es una exageración insultante. ***Traducción para mi madre: "Voy a hablar con mi abogado para discutir mis opciones y ya le informaré".
Y de propina, un vídeo de Marylin Manson en honor a alguien muy especial que se casa el año que viene y que es algo que me mantiene de buen humor. Mi estética para la boda vendrá inspirada por este vídeo.
Técnicamente las aves son los descendientes de los dinosaurios. Así que puedo decir que en Hawai’i vi más velociraptors que osos en Yellowstone. Cuando visitamos el parque nacional teníamos más o menos claro que animales son los que te puedes encontrar:elks,bears,beavers,bisons, etc… Pero ¿qué fauna espera una encontrarse en Hawai’i (los turistas no cuentan)? Volando hacia allí, mientras nos mataban de hambre a base de panchitos en un vuelo de 6 horas, empecé a ver un documental en el que contaban que la fauna “salvaje” de las islas son gallos y gallinas. Así es, lafauna de Hawai'i son pites. Al parecer, no tienen muy claro como esto llegó a ocurrir, pero me gusta la teoría de que los pollos van a invadir y finalmente, conquistar la tierra. Es imposible que vayan a dominarla peor que nosotros, así que por qué no.
Principio del Manoa Falls trail, donde se rodó Jurassic Park y Lost.
En O’ahu - la isla donde se encuentra Honolulu, capital de Hawai’i - fue donde se rodaron ciertas escenas de tan magnas obras de ficción como Jurassic Park y Lost (Perdidos, la serie), de ahí la ínfima esperanza de encontrarme algún velociraptor, aunque fuera un animatron de los que Spielberg se dejó atrás. Tuve que conformarme con hacer la ruta de las cataratas Manoa, las cuales venden como localizaciones concretas de la peli y la serie. Una vez más, caminamos mucho y evitamos de manera bastante exitosa encontrarnos con un excesivo número de turistas. Algunas de las rutas que hicimos de hecho estaban más concurridas por locals (gente que vive en la zona) que por ineptos. Lo bueno de O'ahu es que es fácil predecir que la mayoría de turistas van a estar en Waikiki, la playa de Honolulu, una especie de Benidorm (donde nunca he estado y espero morir sin haberlo pisado) a la americana. En Waikiki estuve un total de 20 minutos, lo justo para tirar unas fotos y poder decir que lo vi. Allí tampoco había osos.
Algunas de las playas increíbles de O'ahu. Empezando por arriba a la izquierda y en sentido de las agujas del reloj: Hanauma Bay, Waikiki, Keawaula beach que estaba prácticamente desierta, y Makapu'u beach.
Lo obviamente bonito de Hawai’i son las playas, con su agua azul turquesa y su arena blanca, que a veces es tan fina que se te aloja en sitios donde no creías posible. Lo que los catálogos de viajes (como si aún existieran y la gente los mirase) no te cuentan es la cara menos bonita de Hawai’i. Como es normal en USA, en Hawai’i también hay muchos homeless (sin techo) durmiendo en ciertas playas. Y no creáis que ser homeless en Hawai’i no es tan malo - es igual de malo que en cualquier otro lado. También hay algunas playas que en ausencia de turismo, están mas bien llenas de plásticos y mierda que no sé si es autóctona o traída por las corrientes oceánicas desde la isla de basura del Pacífico. El paraíso también tiene sus defectos.
Otra cosa que me gustó de Hawai’i, aunque por supuesto me quejé, es que en ciertas playas cobran entrada a los non locals. Es decir, si eres un turista, tienes que pagar. Esto lo vimos en Hanauma Bay, que tiene un agua tan azul y tan piscinesca que parece de broma. No entramos porque sabíamos de varias playas que sin cobrar entrada una podía ir a remojar el culete sin chocar con demasiadas familias haciendo snorkeling (mamá, aquí te dejo ellinkpara que aprendas lo que es). Ya puesta a ahogarme, por lo menos hacerlo gratis. Pero lo de cobrar entrada me parece bien porque así se ahorran un montón de turistas en tan paradisiaco enclave, porque hay que reconocer que daban muchas ganas de quedarse flotando en esa bahía durante toda la semana. Sobre todo para alguien como yo: poco fan de las olas y la resaca, tan consciente de mis limitaciones natatorias y del poder del océano, pero que disfruta enormemente de estar tirada en la arena durante horas alternándolo con chapuzones seguros “donde haga pie”. Vivo al límite.
USS Arizona Memorial desde el barquito en el que te llevan.
También tuvimos nuestra dosis cultural, visitando DOS veces Pearl Harbor, pues al primer intento habían cancelado la visita al monumento por mareas altas. Así que volvimos a la mañana siguiente, día del famoso eclipse (por lo menos en USA que es donde se veía totalidad). De casualidad vi como al sol a las 7am le faltaba un trocito, que es la forma correcta de referirse a un eclipse parcial. La totalidad no se veía desde Hawai’i, pero si desde otros estados en la mainland (el resto de USA). Gracias, Instagram y Facebook, por hacerme sentir como si hubiera estado de vuelta en Wyoming* viéndolo, y dentro de 30 años hacerme dudar de si realmente lo vi con mis propios ojos. En esta segunda visita a Pearl Harbor tuvimos más suerte y nos llevaron al monumento donde se pueden ver los restos del USS Arizona, uno de los barcos peor parados después del bombardeo (no confundirPearl Harbor conArmageddon, aunque pareciera que los actores eran casi los mismos).
Algunas de las vistas que fotografié en la cima de los distintos trails que hicimos.
En definitiva, Hawai’i no me decepcionó en absoluto. Yellowstone y Grand Teton tampoco - aunque no hubiera osos. Pero no sabría con cual quedarme, porque es como elegir entre tortilla de patatas y tarta de queso: los dos son maravillosos, pero no directamente comparables. Estoy casi segura de que son los lugares más bonitos que he visto en mi vida. Y eso que soy de Asturies.
Elen
*Estado donde se encuentra Yellowstone National Park.