Sunday 25 January 2015

El dólar que perdí en el desierto

Me gustan los road trips porque por mucho que los organices (cosa que ya de por sí se me da fatal) siempre surgen imprevistos, buenos y malos, que son los que hacen del viaje una historia para contar durante la sobremesa de alguna cena con gente aburrida (cosa que no os deseo a ninguno).
El plan era ir a la Las Vegas, Los Angeles y volver a San Diego de una pieza. Y lo hicimos bastante bien. Esta vez no nos quedamos sin gasolina en medio del desierto ni acabamos durmiendo en sitios con sangre en el suelo (o por lo menos, la habrían limpiado).
La primera noche la pasamos en un lugar a medio camino entre San Diego y Las Vegas llamado Barstow. Noche de motel, con su piscina para arrojar los cadáveres de la noche anterior y que luego venga Grissom a determinar sus cosas. Antes de llegar allí nos hicimos un tramo de la mítica ruta 66. Llamadme romántica, pero me encantó todo ese ambiente tan “Las colinas tienen ojos” y la soledad de la carretera. Paramos en unos de los sitios más increíbles que he visto, el Bottle Ranch de Elmer. No vimos al bueno de Elmer, pero me lo imagino como un señor que por menos de nada, te dispararía con su escopeta. Pero no fue el caso y pudimos pasear tranquilamente por el rancho sin que Elmer o algún mutante ex-minero resentido (era ese el argumento de “Las colinas tienen ojos”, no?) saliera a asesinarnos.

Ruta 66

Las colinas tienen ojos

Elmer's Bottle Ranch
Y más del Bottle Ranch de Elmer. Debe de ser un tipo interesante.


Esa noche, cuando llegamos a Barstow, que está como a 10 minutos conduciendo del rancho, como no había absolutamente NADA que hacer ni ver allí, acabamos en EL BAR (porque sólo había uno) tomándonos pintas de cerveza. Puede que sea el único bar de USA donde las pintas de cerveza son, en realidad, más grandes que una pinta real. Todos los autóctonos, que debieron vernos como dos imbéciles vulnerables, nos aconsejaron no aceptar bebidas de extraños una vez en Las Vegas. Desafortunadamente, nadie nos ofreció, haciéndome sospechar que es una leyenda parecida a la que nos cuentan nuestras madres sobre ese tipo que da droga gratis a la puerta de los coles. Acabamos hablando con Myron, un indio americano del pueblo Acoma que nos enseñó la necrológica de su padre en internet, un indio navajo. Cuanto menos, fue interesante.
Al día siguiente, rumbo a Las Vegas, con parada en un diner de los 50. Y no, no os creáis que es un diner decorado como si fueran los 50. Es un diner de aquellos años de posguerra, auténtico. Las camareras también eran de los 50 y te rellenan la taza de café mientras te llaman sweetheart o algo así. También paramos en el outlet en la frontera entre California y Nevada. Unteresting. Y a partir de ahí, kilómetros y kilómetros de carretera recta, rodeada de desierto infinito.



De Las Vegas podría contaros mucho, o nada. Sinceramente, siempre creí que me gustaría por lo casposo y hortera que es. Sin embargo, esos conceptos alcanzan un nuevo nivel de significación trascendental en Las Vegas. Siempre creí que sería súper divertido casarme allí, borracha. Pues bien, vistas las capillas, el ambiente, la gente que está allí, creo que mi plan de casarme en la parte de atrás de una pick-up en medio del desierto destila mucho más glamour y es menos triste. En serio, Las Vegas es el lugar más deprimente del universo, en muchos sentidos. Los sueños y la esperanza van allí a suicidarse, a base de pastillas y vodka en la bañera de algún motel. Supongo que es un sitio al que hay que ir una vez en la vida para ser consciente de lo bajo que la especie humana es capaz de caer.
También es verdad que puede que mi concepto de Las Vegas fuese mejor si el puto dólar que aposté en las tragaperras me hubiera dado algún beneficio. Pero soy una mujer impaciente, sin suerte y que no sabe cómo funciona una tragaperras. Así que me senté en la barra a tomar margaritas por 99 centavos. La conclusión que saco de esta visita es que apostar no es para mí y que Las Vegas está repleta de señores que dan mucha grima (lo siento, mamá, sé que tú querías que encontrase a un millonario, pero no había por ahí ningún Robert Redford).

Al día siguiente me desperté fresca como una lechuga para hacerme de tirón las 4 horas y pico de conducción hasta Los Angeles. No tengo mucho que decir al respecto, salvo que Hollywood es un asco que se ve en 10 minutos. Pero eso yo ya lo sabía. Era mi segunda vez en la city of angels. Qué queréis que os diga, en la pantalla, LA parece mejor. 

Si os diese un consejo y vosotros me escuchaseis, os diría que nunca gastéis dinero ni tiempo en visitar Las Vegas o LA. Os recomiendo, sin embargo, que hagáis una parada en Barstow. Pero como sabemos que no me hacéis ningún caso (a pesar de que soy mucho más sabia que vosotros), quiero creer que si alguna vez visitáis LA o Las Vegas, al final acabareis diciendo: “Bah, pues tampoco está tan mal”. 


xx
Elen


4 comments:

  1. Tenía esperanzas en que nos sacaras de pobres, ni un rico casposo??? NI UNO SOLO??? Deberías de haber buscado mejor, conociéndote no llevarías ni escote ¡Qué vergüenza!

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  2. Tal cual. Yo no lo habría descrito mejor. De hecho, la gente no me ha hecho caso cuando les he dicho que las Vegas y LA son los dos únicos sitios que no me han gustado de USA, pero imagino que la condición humana hace que hasta que no se ve por una misma no se cree. Espero que tu tengas más poder de convicción.

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  3. Eso es que no te encontraste a Josh Duhamel (que pensandolo bien, igual ya no está bueno...)

    Por lo demás, soy muy fan de Elmer... y, en ocasiones, tuyo.

    Bss

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  4. Totalmente de acuerdo, pero hubiera molado que hubiera salido Elmer con la escopeta ;P

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