Sunday, 25 January 2015

El dólar que perdí en el desierto

Me gustan los road trips porque por mucho que los organices (cosa que ya de por sí se me da fatal) siempre surgen imprevistos, buenos y malos, que son los que hacen del viaje una historia para contar durante la sobremesa de alguna cena con gente aburrida (cosa que no os deseo a ninguno).
El plan era ir a la Las Vegas, Los Angeles y volver a San Diego de una pieza. Y lo hicimos bastante bien. Esta vez no nos quedamos sin gasolina en medio del desierto ni acabamos durmiendo en sitios con sangre en el suelo (o por lo menos, la habrían limpiado).
La primera noche la pasamos en un lugar a medio camino entre San Diego y Las Vegas llamado Barstow. Noche de motel, con su piscina para arrojar los cadáveres de la noche anterior y que luego venga Grissom a determinar sus cosas. Antes de llegar allí nos hicimos un tramo de la mítica ruta 66. Llamadme romántica, pero me encantó todo ese ambiente tan “Las colinas tienen ojos” y la soledad de la carretera. Paramos en unos de los sitios más increíbles que he visto, el Bottle Ranch de Elmer. No vimos al bueno de Elmer, pero me lo imagino como un señor que por menos de nada, te dispararía con su escopeta. Pero no fue el caso y pudimos pasear tranquilamente por el rancho sin que Elmer o algún mutante ex-minero resentido (era ese el argumento de “Las colinas tienen ojos”, no?) saliera a asesinarnos.

Ruta 66

Las colinas tienen ojos

Elmer's Bottle Ranch
Y más del Bottle Ranch de Elmer. Debe de ser un tipo interesante.


Esa noche, cuando llegamos a Barstow, que está como a 10 minutos conduciendo del rancho, como no había absolutamente NADA que hacer ni ver allí, acabamos en EL BAR (porque sólo había uno) tomándonos pintas de cerveza. Puede que sea el único bar de USA donde las pintas de cerveza son, en realidad, más grandes que una pinta real. Todos los autóctonos, que debieron vernos como dos imbéciles vulnerables, nos aconsejaron no aceptar bebidas de extraños una vez en Las Vegas. Desafortunadamente, nadie nos ofreció, haciéndome sospechar que es una leyenda parecida a la que nos cuentan nuestras madres sobre ese tipo que da droga gratis a la puerta de los coles. Acabamos hablando con Myron, un indio americano del pueblo Acoma que nos enseñó la necrológica de su padre en internet, un indio navajo. Cuanto menos, fue interesante.
Al día siguiente, rumbo a Las Vegas, con parada en un diner de los 50. Y no, no os creáis que es un diner decorado como si fueran los 50. Es un diner de aquellos años de posguerra, auténtico. Las camareras también eran de los 50 y te rellenan la taza de café mientras te llaman sweetheart o algo así. También paramos en el outlet en la frontera entre California y Nevada. Unteresting. Y a partir de ahí, kilómetros y kilómetros de carretera recta, rodeada de desierto infinito.



De Las Vegas podría contaros mucho, o nada. Sinceramente, siempre creí que me gustaría por lo casposo y hortera que es. Sin embargo, esos conceptos alcanzan un nuevo nivel de significación trascendental en Las Vegas. Siempre creí que sería súper divertido casarme allí, borracha. Pues bien, vistas las capillas, el ambiente, la gente que está allí, creo que mi plan de casarme en la parte de atrás de una pick-up en medio del desierto destila mucho más glamour y es menos triste. En serio, Las Vegas es el lugar más deprimente del universo, en muchos sentidos. Los sueños y la esperanza van allí a suicidarse, a base de pastillas y vodka en la bañera de algún motel. Supongo que es un sitio al que hay que ir una vez en la vida para ser consciente de lo bajo que la especie humana es capaz de caer.
También es verdad que puede que mi concepto de Las Vegas fuese mejor si el puto dólar que aposté en las tragaperras me hubiera dado algún beneficio. Pero soy una mujer impaciente, sin suerte y que no sabe cómo funciona una tragaperras. Así que me senté en la barra a tomar margaritas por 99 centavos. La conclusión que saco de esta visita es que apostar no es para mí y que Las Vegas está repleta de señores que dan mucha grima (lo siento, mamá, sé que tú querías que encontrase a un millonario, pero no había por ahí ningún Robert Redford).

Al día siguiente me desperté fresca como una lechuga para hacerme de tirón las 4 horas y pico de conducción hasta Los Angeles. No tengo mucho que decir al respecto, salvo que Hollywood es un asco que se ve en 10 minutos. Pero eso yo ya lo sabía. Era mi segunda vez en la city of angels. Qué queréis que os diga, en la pantalla, LA parece mejor. 

Si os diese un consejo y vosotros me escuchaseis, os diría que nunca gastéis dinero ni tiempo en visitar Las Vegas o LA. Os recomiendo, sin embargo, que hagáis una parada en Barstow. Pero como sabemos que no me hacéis ningún caso (a pesar de que soy mucho más sabia que vosotros), quiero creer que si alguna vez visitáis LA o Las Vegas, al final acabareis diciendo: “Bah, pues tampoco está tan mal”. 


xx
Elen


Monday, 5 January 2015

Obama es el anticristo, pero yo sólo venía a por pepinos

He visto mucho roadkill, mucho surfer, mucho skater, mucha rubia pechugona, mucho obeso, demócratas, republicanos, incluso canadienses… pero por fin, después de casi 6 meses viviendo en USA, un cristiano fanático se ha acercado a hablarme de sus movidas en el supermercado mientras yo compraba verdura.

Su preocupación y motivo para asaltar a los que allí comprábamos era, básicamente, explicarnos que Obama era el anticristo. O su mensajero. De todas formas, Sharleen (no pillé bien su nombre) me confesó que no se sorprendería si Obama resultase ser el anticristo ya que el otro día había tenido una visión de él vistiendo “uno de esos uniformes nazis”. Al parecer, existe un rumor sobre la intención del gobierno de Obama de implantar un chip llamado RFID en cada americano para tener a todo el mundo localizado en todo momento y recoger datos sobre todos y cada uno de los americanos. Este chip, según Sharleen, es la clara marca de satán y lo que Obama quiere con esto es reclutar a la población para el ejército satánico cuya misión no tengo muy clara. Y todo lo dice la biblia (no me quedó muy claro si en la biblia se mencionan chips o al propio Obama… tendré que indagar más sobre ello).

La nota que Sharleen me dió

En este momento, cuando yo ya estaba pensando en un mono con platillos, Sharleen me preguntó que si yo era cristiana. Y fue entonces cuando recordé aquellos libros que leíamos de pequeños y te daban dos opciones antes de seguir leyendo:

1)      Sí, soy cristiana y amo a dios y lo que haga falta. Pasa a la página 12.
2)      No, soy atea. Pasa a la página 15.

Como tenía tiempo y en el fondo quería oír qué más cosas Sharleen tenía que decir, decidí decirle que sí, que soy cristiana y estoy bautizada.

Sharleen: Que Dios te bendiga!

Yo: Gracias… Y a parte de Obama vestido de nazi… tienes muchas visiones?

S: Oh! Sí! Constantemente. El mal se acerca. Llegará un momento en el que no podremos venir al supermercado a comprar a no ser que estemos bautizados. Dios nos ayudará.

Yo: Ya veo… Pero Obama es el anticristo o todos los políticos son el anticristo?

S: No, no, sólo Obama. Y mira el papa, un falso profeta. Dice que tenemos que creer en el Big Bang… y en la evolución! Quién se puede creer eso?

(El mono con platillos de mi cabeza acaba de tener un derrame cerebral)

Yo: Te gustaba más el papa de antes?

S: NO!! Son todos falsos profetas, yo no soy católica. Eres católica? No eres born again Christian?

Yo: No, soy católica. En mi país todo el mundo es católico.

S: Quieres convertirte y ser una born-again Christian?


 1)      Por supuesto, me encantaría meterme en una secta con usted, señora loca aleatoria. Pasa a la página 20.

2)      Estoy en ese momento de mi vida en el que preferiría no… Mataría de un disgusto a mi abuela. Pasa a la página 23.

S: Tu abuela no es la que toma las decisiones por ti. Cuando estés en el cielo frente a Dios estarás tu sóla. Tu abuela no estará allí contigo.

Yo: Oh, no. Espero encontrarme con mi abuela en el cielo.

(Lo reconozco, ahí me columpié).


S: Necesitas darte cuenta de lo que está pasando. Tenemos que estar preparados. El anticristo está cerca y seremos juzgados. Eso que hacen los católicos en el purgatorio… (FAIL Sharleen, te refieres al confesionario) no es real. Sólo dios puede perdonar. Un humano no puede perdonar. Me das tu teléfono? Puedes venir a nuestra reunión el viernes y hacer amigos cristianos.

(Al mono con platillos le acaba de dar un segundo derrame cerebral)

Yo: Acabo de mudarme a USA y no tengo teléfono aún. 

Y ese fue el momento de la conversación en el que más católica me sentí, porque me puse a rezar para que el móvil, que lo traía en el bolsillo trasero del pantalón, no se pusiera a sonar.

Después de eso y de evitar hábilmente cualquier intercambio numérico con la sierva del señor, nos dimos un abrazo y me bendijo otras cuatro veces.
Quién me iba a decir a mí que iba a aceptar mi condición católica hoy comprando pepinos. 

Un saludo a todos los pertenecientes a sectas religiosas.

Elen

Sunday, 28 December 2014

Navidad a 20°C

A punto he estado de, en lugar de escribir una nueva entrada para el blog, hacerme un video al puro estilo “discurso del rey en Nochebuena”, pero al final, entre lo dejada que soy  y que me he mordido el labio comiendo un pretzel relleno de manteca de cacahuete, he pasado.

No os voy a mentir, no hay mucho que contar. Y es que meterse en el espíritu navideño cuando vives en un sitio donde las temperaturas no bajan de los 17°C y la gente, por defecto, va vestida como si volviera de la playa… pues es mas bien difícil. Eso sí, en mi barrio, las decoraciones en las casas rozan el estilo epiléptico. Por supuesto, en la foto no se aprecia, pero todas esas luces parpadean. 

La navidad en mi barrio o donde los duendes de Santa Claus vienen de after.

He visto pistas de hielo falso y he visto coros de villancicos por ahí, pero aún no han venido a mi puerta a pedirme el aguinaldo. Y de verdad espero que no lo hagan, primero porque no soy fan de darle dinero a la gente por cantarme canciones de trasfondo cristiano y segundo, porque en mi barrio últimamente están pasando cosas dignas de estudio por la Fringe Division (como mi madre esta analogía no la habrá pillado, voy a abstenerme de tranquilizarla).

Así que aquí estoy, con menos espíritu navideño de lo normal (que ya suele ser muy poco, pero sin llegar a niveles del grinch) pero encantada porque hace sol. A pesar de todo, la cena de Nochebuena se desarrolló con normalidad aunque nadie me preguntase si tengo algún “refresquín” (novio en el lenguaje abuela) ni brindase con Gaitero. Pero comimos gambas. Y aunque no me lo esperaba, recibí unos cuantos regalos por correo de personas a las que adoro, que se merecen una cesta de cachorritos y mucho amor por haber hecho de mis primeras navidades fuera de casa, menos deprimentes. El día de Navidad lo disfruté viendo por enésima vez Love Actually y bebiendo vino californiano y café con ponche de huevo (que creí que era una guarrada que yo me había inventado pero al parecer ya se le había ocurrido a Starbucks antes). Por la noche me fui a cenar con una familia judía muy simpática, así que yo diría que lo más navideño que hice ese día fue ver la película de Richard Curtis.
Hoy me fui a pasear y contemplar el atardecer desde el templo mormón de La Jolla. Lo mejor de todo es que me encontré un avión de juguete en el suelo y que tuve la oportunidad de hablar con Sister Mary y Elder Michael (los nombres me los estoy inventando para proteger las identidades de estos mormones de Arizona que se encontraban de misión en el templo de La Jolla a las 5pm del 28 de diciembre). Intenté que me explicasen su religión pero la idea principal que le saqué a Elder Michael es que ser católico es erróneo, que su libro es mucho mejor que la biblia y que construyen templos. Esto último parecía ser importante a juzgar por el número de fotos que me enseñó de templos alrededor del mundo. De Sister Mary lo único que averigüé es que quiere ir a España de vacaciones.

Templo mormón de San Diego

Elder Michael me mostró fotos de dónde bautizan a los muertos, algo parecido a un spa. Al parecer, se dedican a escarbar en la genealogía de cada uno para bautizar a sus muertos, así que tened cuidado, porque aunque no estéis metidos en esta movida, puede que vuestra alma acabe siendo mormona porque vuestro tataranieto decida convertirse a esta religión. Por supuesto, me preguntó que de qué religión era yo, y creí más conveniente decirle católica que explicarle que soy atea por si acaso comenzaba a rociarme con agua bendita. Y es que ser ateo en este país tiene connotaciones muy negativas, casi equiparable a visitar una clínica de planificación familiar gratuita.
En resumen, no creo que me convierta y una a la Church of Jesus Christ of Latter-Day Saints o Movimiento de los Santos de los Últimos Días, como lo llaman en español según Google (amén). Parece un club demasiado elitista, Elder Michael me dijo que no puedo entrar al templo pues sólo los miembros lo tienen permitido. Pues que les cunda. Yo me voy a casa a tomarme un carajillo American-Christmas edition (con ponche de huevo, vaya).

El Belén mormón

Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo, amigos. Pronto os contaré cómo es Nochevieja en California, si es que merece la pena ser contado. O si sobrevivimos al intento de mi roommate de encender la caldera de gas.


Elen

Sunday, 30 November 2014

Giving Thanks

La dirección asistida, el café, mi visado, las segundas (y terceras) oportunidades, los analgésicos, la PCR, los errores que he cometido y todas las cosas que he aprendido, los ukeleles, la gente que se ríe, las galletas, la cerveza, mi familia, mis amigos y la gente que no me da por muerta por haberme mudado a EEUU, la tortilla de patata...

Todas esas cosas, y muchísimas más, son por las que yo estoy agradecida. Y es que esto del “Thanksgiving” no sólo consiste en comer y beber sin sentido (como veis, amigos, los americanos y los asturianos también tenemos cosas en común). He celebrado el Thanksgiving doblemente. Primero, y unos días antes del verdadero día de Acción de Gracias, con un grupo de americanos que no conocía. Esta es una celebración familiar para comer y beber sin sentido, pero a veces también lo celebran con amigos y lo llaman “Friendsgiving” (qué ingenioso...) y una cosa muy buena es que suelen invitar al inmigrante de turno (yo) porque damos bastante pena y creen que lo más horrible que te puede pasar en la vida es tener que pasar Acción de Gracias sola delante de la TV mojando donuts en Jameson (supongo que ésto es lo que ellos se imaginan que sería mi alternativa).

Pues en una y otra versión de Acción de Gracias (la de amigos y la familiar) además de comer y beber como si no hubiera un mañana, también suelen decir por lo que están agradecidos. Me pareció muy bonito y profundo, a pesar de que la mayoría de la gente recurre a clichés del tipo “mi familia y mis amigos”. Pffff… (mamá, os quiero, no te preocupes). Por supuesto, esta operación hay que realizarla antes de que la tía Margaret pierda la conciencia a golpe de chupitos de Southern Comfort.

Pero hablemos de qué es en realidad esto del Thanksgiving. Podía haber buscado en la wikipedia para conseguir una versión históricamente más precisa, pero voy a reproducir la explicación que mi entrenador de Muay Thai me ha dado (quien, además, no estoy totalmente segura de que sea americano). Hace mucho tiempo, cuando los EEUU no eran estados ni unidos, llegaron los ingleses a civilizar todo esto y a buscar libertad religiosa (así me lo dijo: “religious freedom” lo cual yo lo traduzco como “vámonos al Nuevo Mundo a pecar”). Pero los ingleses, que son muy de creerse capaces de hacer cosas mejor que los demás, llegaron aquí y vieron que todo esto era muy distinto de su querida Albión y que ni por asomo iban a ser capaces de sobrevivir con la agricultura que conocían. Así que los nativos americanos (los indios de plumas en la cabeza), que se conoce que son buena gente además de saber montárselo muy bien a base de casinos, ofrecieron a los ingleses compartir sus alimentos para que no se quedaran pajarito. Es una historia muy bonita de buena voluntad y hermandad, hasta que piensas que luego los ingleses a lo largo de los años se dedicaron, básicamente, a masacrar y eliminar a los nativos americanos. Y es que si hemos aprendido algo de los ingleses, es que se olvidan muy rápido de las cosas buenas que has hecho por ellos. Así que supongo que esto de Acción de Gracias no debe de ser una celebración muy popular entre los nativos. 

Plato de la cena. Imagen de Google a la izquierda, plato real a la derecha. Es todo cuestión del filtro de la imagen

Y después de Acción de Gracias tenemos esto del Black Friday que, en contra de lo que alguien me dijo el año pasado, no es un viernes dedicado al Black Metal. En teoría, es un día de descuentos brutales. Pero yo lo único que vi fue mucha gente paseándose por el mall. Sí, había descuentos de hasta el 50%, pero en tiendas en las que gente como yo no suele entrar a comprarse la ropa (i.e. tiendas CARAS). Al parecer, estaban ligeramente preocupados porque hubo muchísimas ventas de armas. Así que espero un 2015 lleno de diversión y tiroteos. Por supuesto, hubo un asesinato y suicidio en un centro comercial (creo que fue en Chicago, pero no me hagáis mucho caso). Los americanos, sin duda, saben cómo y cuándo hacer las cosas para conseguir la máxima atención. Que se lo pregunten a los de Ferguson.
Así que, en resumen, mi Black Friday consistió en luchar con la indigestión, perderme en el mall unas cuantas veces, y acabar comprándome cremas rebajadas en Body Shop y ropa en la tienda más choni que encontré. Keep it classy.

Me ha gustado mucho esto del Thanksgiving y ver a los americanos tan emocionados. Qué majos son. Vosotros, por qué estáis agradecidos? 


Uno de los pavos indultados por el Presidente este Thanksgiving.


Me voy a disparar latas al desierto. Cuídense.


Elen

Friday, 14 November 2014

¿Somos lo que comemos?

Me estoy quedando sin ideas sobre qué escribir. Pero no sé si será porque estoy adaptándome tan rápidamente que las cosas ya no me sorprenden como al principio. Y si veo una señora de 400kg en una silla de ruedas sorbiendo donuts mientras su marido recoge con una pala una zarigüeya muerta de la cuneta, me parece tan normal como ver a la gitana de la plaza gritando “bragas a euro”.
Me han sugerido que escriba una entrada sobre comida. Tengo que decir que en una entrada anterior mencione el item alimenticio que más me había impactado hasta el momento (el corn dog) pero eso ya no me parece ninguna novedad. Ya me lo comí una vez, y con una vez basta, tampoco hay que arriesgar, por mucho que me fascine el “live fast, die young”.
Con mi renovada hipocondria sobre la diabetes, probablemente derivada por la cantidad de azúcares que TODO contiene aquí, la verdad es que no me he introducido mucho en la gastronomía local. Menos mal que vivo con dos americanos que tienen muy poco aprecio por la alimentación sana. Aun así les pregunté sobre qué platos típicos podría probar aquí, en un afán desesperado de tener base para defender la gastronomía de esta gran nación, igual que me pasó en Inglaterra donde, sorprendentemente, se puede comer algo más que un fish and chips y en realidad puedes encontrar cosas ricas que no estén deep-fried.

¿Sabéis, amigos, lo que es la Chicago pizza? Bueno, yo no lo sabía, pero lo descubrí hace poco. Mi roommate llevaba tiempo ya diciéndome que tenía que probarla, que era de gran importancia que comiese la pizza Chicago de no-se-qué-sitio (no le entiendo muy bien cuando dice nombres propios, de hecho anteayer por primera vez entendí que es de un sitio llamado Merced, a pesar de que me lo dijo ya unas 345 veces) y la comparase con la New York pizza (que, para mí por lo menos, es la pizza de toda la vida). Y os preguntaréis, si sois tan ignorantes como yo en cuanto a grasas saturadas se refiere, que qué coño es la Chicago pizza. Pues es algo así como una pizza rellena. Rellena de más pizza. Una sola porción podría acabar con el hambre de Somalia. O ser el banquete de bodas de Mario Vaquerizo. No la confundáis con la calzone, porque no es eso.

Creador de la Chicago pizza... supongo,
Los americanos son gente muy de “I want it all, I can’t get enough”. Y oye, por qué no? Así les va de puta madre. Lo quiero todo y lo quiero ya. Pues con la comida igual. Ellos no tienen ese problema de no decidirse y no saber qué comer… porque si tienen la duda entre dos cosas diferentes, las juntan y todos tan contentos. Como es el caso del chili dog (entre otros). A ver, Mike, qué te apetece cenar esta noche, sweetie? Chili con carne o hot dog? NO!! Junta las dos cosas y punto! Yo, personalmente, no tengo ese tipo de dudas existenciales porque en mi despensa ahora mismo hay una lata de sardinas, media botella de Southern Comfort y tres kiwis. Pero volviendo al tema, lo de mezclar varias comidas en una tiene, indudablemente, dos ventajas principales: te puedes ahorrar el esfuerzo de decidir (algo que se me da fatal) y no es necesario ningún talento a la hora de cocinar, porque con tantas cosas mezcladas los sabores se anulan, tus papilas gustativas se saturan y tu cerebro se vuelve incapaz de discernir si lo que te estás comiendo está bueno o es peor que el disco de Paris Hilton (esto se puede considerar una sinestesia, no?).
Sin embargo y a pesar de lo negativo que pueda parecer lo que escribo, todo lo que he probado no es tan malo como parece. Al menos nada es equiparable a la deep-fried Mars bar, orgullo de Escocia.
Pero bueno, estoy segura de que en algún recóndito lugar de los EEUU hay algo que merezca la pena ser probado y que quizás aún no haya sido aprobado por la FDA.

Al final igual lo del roadkill no es ni tan mala idea
Si lo encuentro, seréis los primeros en saberlo.
Otro día os hablare de la dieta macro-paleo-orgánico-vegana, que viene a ser el extremo opuesto de todo lo que acabo de explicar aquí. Porque este país también es muy de extremos. Los términos medios son para los cobardes. Y eso es así de to la vida.

Cuídense, comrades.

Elen


Sunday, 2 November 2014

Halloween, el Día de los Muertos y la resaca

Las redes sociales se ponen divertidas durante Halloween y no por el despliegue de fotos con filtro de los diferentes disfraces, si no porque unos y otros intentan justificar sus razones de por qué celebran, o no, Halloween. Halloween no es una fiesta que se hayan inventado los americanos, aquí la trajeron los buenos de los irlandeses y sus orígenes son celtas… bla, bla, bla. Dejad de engañaros, lo que queréis es disfrazaros y beber como si no hubiera un mañana. Que esa es la esencia de cualquier fiesta hoy en día.

Pues para mí, igual. Nos disfrazamos, bebimos, salimos de casa (o al menos, lo intentamos) y luego un blackout de 2 horas hasta que me eché a dormir. Pues muy bien, lo que viene siendo la noche de Halloween en sí, para mí poca diferencia tiene con el Carnaval que celebramos en España de toda la vida. Pero las otras cosas que hace aquí la gente, como sacar a los chiquillos a pasear por el barrio a que hagan el trick-or-treat (a mi puerta vinieron niños extremadamente adorables vestidos de pollito a los cuales les di un montón de chocolate, y les hubiera dado mi cartera si me la hubieran pedido) o el “pumpkin carving” (lo de las calabazas) me parecen cosas muy divertidas y muy alcohol-free, que tampoco viene mal… aunque supongo que lo de las calabazas puedes hacerlo borracho si quieres.

Mi primera calabaza, a la izquierda. Siguen apostadas a la puerta de casa, pero no espantan a nadie.
El 1 de noviembre se celebra el Día de los Muertos (nunca mejor dicho, porque algunos tienen una resaca del copón y parece que acaban de volver del centro de rehabilitación). Aquí, en Old Town todo el mundo va muy feliz con la cara pintada como una catrina y adornan las tumbas con cosines y ponen puestos por la calle con fotos de sus muertos. Y toman margaritas, aunque no sé cómo de tradicional es eso en realidad.




Os daría más detalles, pero hay trece americanos borrachos gritándole a la tv en mi salón, porque hoy hay football (entiéndase, football americano, no lo que nosotros entendemos por football y que aquí llaman soccer) y no sé si unirme a ellos o ir a mirar gaviotas antes de que anochezca. Y es que aquí hemos atrasado la hora hoy y a partir de las 17h ya es de noche. Yo creía que en California esto no pasaba.

xxx

Elen

Monday, 13 October 2014

Welcome to Tijuana

Todo el mundo me preguntaba que cuando tenía pensado bajar a Tijuana. Y yo decía que nunca, porque no me apetecía ni meter el coche en México ni tener que sobornar a algún agente de policía (como cuentan las leyendas). No tenía yo la menor curiosidad en conocer Tijuana. Ahora no puedo pensar en otra cosa más que en la siguiente oportunidad para volver.



 Cruzamos la frontera caminando, así de cerca están San Diego y Tijuana, que no te lleva más de 10 minutos ir de un lado al otro. O al menos cuando lo haces en dirección Sur. A nadie le importa si estás saliendo de USA. Todo el mundo es bienvenido en México. De hecho, puedes cruzar sin llevar ningún tipo de identificación, porque nadie te la va a pedir en la frontera. No hay nadie. Bueno, un par de tipos vestidos de militares con metralleta, pero están a su bola, seguramente repasando mentalmente la discografía de Paulina Rubio. Lo único que protege el paso de USA a México es un torno.

Caminamos la Avenida de la Revolución donde hay muchos burros pintados de cebra y todo el mundo se dirige a ti en inglés, porque como apestas a turista desde kilómetros a distancia, asumen que eres americano (comprensible por otro lado, con mi 1.70 y melena rubia). Todo el mundo intenta venderte su tequila y lo que sea. Llegamos, después de cuasi-perdernos unas cuantas veces, a un sitio llamado Food Garden, bastante trendy diría yo, para lo que me esperaba de Tijuana. Comimos y bebimos (bebí) un par de birras por nada y menos. Y ya sabéis lo fan que soy yo de las cosas baratas o gratis.

Aquí con mi almuerzo de menos de $4 (cerveza incluída!).

Cómo no dejar propina?
No me extraña que los americanos bajen a Tijuana a emborracharse, no sólo porque la edad para beber es más temprana, si no porque el alcohol es ridículamente barato. Me tomé el mejor Margarita de toda mi vida por menos de 2 euros, en un bar llamado El Dandy del Sur. Los que me conocéis sabéis lo que me apasionan los bares de paisanos en la línea Casa Camacho… El Dandy del Sur tenía indudablemente más estilo, pero la misma esencia.

El Dandy del Sur.
Después del Margarita nos cruzamos a la acera de enfrente a tomar mezcal y comer grillos fritos (llamados chapulines). Ni tan mala la experiencia. Están crujientes y me he planteado empezar a comerme los que cazo en mi casa, calculo un ahorro semanal considerable en cenas.

Grillos o chapulines como los llaman allí. Da cosica si se te queda una patita entre los dientes.


La gente es tan amable y el tequila está tan bueno que si no fuera porque trabajo en el norte de San Diego (lo que supondría conducir cada día al menos 1h en el mejor de los casos, es decir, sin tráfico, situación que nunca se da en Southern California y menos en la frontera) me plantearía venir a vivir a Tijuana.

Cuando volvíamos unos lugareños un tanto sospechosos intentaban indicar a los turistas despistados “un atajo” para llegar antes a la frontera. Ese atajo era un callejón muy oscuro que iba en dirección diametralmente opuesta a donde estaba la garita fronteriza. Llamadme suspicaz, pero no creo que quisieran echar una partida de tazos.
La vuelta ya fue otra historia. Hicimos cola durante 1 hora y 45 minutos, apenas avanzando,  tiempo que aproveché para investigar las farmacias y OH! los medicamentos también son baratos y la posología es mayor! Lo que no sé es cómo de estrictos serán a la hora de venderlos sin receta (o de pasarlos luego a USA). Aquí ya sí que tienes que enseñar todos tus documentos, contestar preguntas obvias para demostrar que “tú eres tú” y declarar lo que traigas de vuelta. Pero no hubo ningún problema y lo único malo que me traje de mi día en Tijuana fueron seis picaduras de mosquito.

La cola de entrada a México...

...y la de salida.
En contra de todo pronóstico, me encantó Tijuana, la gente, el ambiente auténtico y la Wendy (una chihuahua gorda como una cebolla que me encontré casi nada más llegar a México).


Muy bien xx

Elen